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Me falta decir sobre las hormigas
que no puedo precisarlas
la tarde irremediable
las reduce a su inconstancia
yo temo pisarlas
o que me aplasten
no sé
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Me falta decir sobre las hormigas
que no puedo precisarlas
la tarde irremediable
las reduce a su inconstancia
yo temo pisarlas
o que me aplasten
no sé
| Guionista, teórico y crítico cinematográfico, Isaac Castillo Charfolet escribe y lee sin descanso. Esta es su rutina desde hace años. Apasionado del séptimo arte y de la escritura, sabe de lo que habla y habla de lo que sabe, aunque su afilado ojo crítico no perdona ni a John Ford. |

ESPERANZA DE VIDA
Se entrenaban para estar muertos porque habían superado, hacía varios meses, la edad máxima decretada por el gobierno después de la última actualización de ese dato, que pasó de ser una falsa estadística basada en fríos cálculos matemáticos a una edad objetiva determinada por un asesor externo..
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UNA HABITACIÓN DE ARLES
Nada conmueve más que aquella silla,
Que el pintor ha dejado ya inconclusa,
Quizás imaginando la difusa
Maraña de la luz, la pesadilla
De vivir nada más con una oreja.

EL RÍGIDO CADÁVER
Abrí la puerta del ropero para buscar una corbata, y el rígido cadáver se me vino encima.

yo sé que ahora es noviembre allá en Inglaterra
son azules las noches y copiosas en astros,

Todo está en los libros… menos tú.
Mi vida es como la del Pac-Man: siempre buscando destellos de luz en un laberinto atestado de fantasmas.
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Señalar las inconsistencias léxicas de los periodistas es una tarea digna de Sísifo: un trabajo repetitivo e infinito que, además, se demuestra inútil. En un telediario español escuchábamos el otro día a un periodista que hablaba de “el llanto detenido de un padre”. ¿Detenido? El señor periodista lo que quería decir es “contenido”. Los errores de este tipo son constantes, cuando deberían ser inexistentes o, a lo sumo, la excepción y no la regla. En fin, un síntoma más del actual deterioro generalizado de la competencia lingüística.
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TERCERA EDAD
Amanece, las barcas se tambalean en tierra y sobre ellas descansan los amantes. Las damas intentan subirse la faja, los caballeros no pararían nunca, si pudieran. Sólo se oyen gemidos y un tractor que alisa la arena, roba un sujetador que deposita sobre la boya.
Cuando llegan los primeros bañistas, tienen que serpentear entre bastones y prótesis.
A lo lejos una dentadura postiza, como un animal lujurioso, sonríe desde la playa.
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