
Amo a las sirvientas por irreales, porque se van, porque no les gusta obedecer, porque encarnan los últimos vestigios del trabajo libre y la contratación voluntaria y no tienen seguro ni prestaciones ni;
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Amo a las sirvientas por irreales, porque se van, porque no les gusta obedecer, porque encarnan los últimos vestigios del trabajo libre y la contratación voluntaria y no tienen seguro ni prestaciones ni;
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ASENTAMIENTO
El matrimonio no es
una casa, ni siquiera una tienda de campaña
es anterior, y más frío:
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En sus excursiones sexuales por el norte de África, André Gide solía decirle a los chicos con quienes se divertía: “Tú no tienes por qué saberlo pero en Francia soy un escritor muy conocido, aun famoso. Cuando conozcas a otros franceses, cuéntales que has estado conmigo para que vean que conoces a gente importante, para que te respeten. Impresionados, agradecidos, los chicos le pedían que les dijera su nombre. El afable y calvo señor de lentes respondía invariablemente: François Mauriac.
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DE AMOR Y DE ODIO
Afuera está la primavera inmunda;
la irisada paloma que fecunda;
los insectos, que son como ladrones,
ya lo sé, en los azahares con limones;

DIVISIÓN DEL TRABAJO
El domingo los trabajadores están por fin con sus mujeres; los ociosos, por fin, sin ellas.

NOTICIAS
para saber de mí me he puesto el traje aquel
el peine la visera y he recorrido en pocos ademanes
la calleja y la gloria y toda lámpara

SINCERIDAD
Había dieciocho camas alineadas junto a la pared, en un aposento oscuro. Yo ocupaba la quinta, empezando a contar por la izquierda.

LA IMAGEN DE UNA MUJER FRENTE
AL DUOMO DE FLORENCIA
come vertute in Petra preziosa
GUIDO GUINIZZELLI
A Beatriz Magán
Un témpano dorado del color
del trigo hecho piedra:

EL OTRO
AMI HIJO LE GUSTAN MUCHO LOS ESPEJOS. En eso no nos parecemos. Le encanta mirarse en ellos, palpar su superficie como si tratara de acariciar al niño que tiene enfrente. No sé si a su edad ya tiene conciencia de que lo que está viendo no es más que un simple reflejo de sí mismo. Todavía no habla, no puedo preguntarle.
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SONETO 228
Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido el Sol relumbra en vano,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente al lilio bello;