Cigüeñas, gaviotas y golondrinas – Tercer día

La Coruña, Finisterre y Costa de la Muerte, 20 de mayo

Creo que la gaviota se equivocó.
Debió de confundir el gris azul del tejado del multicine con la neblina azulada que sube del mar al levantarse el sol.
Se equivocó, se precipitó, y ahora está allí, estrellada sobre el cemento, mojándose bajo la lluvia y secándose bajo el sol, ofreciéndole un miserable espectáculo a los que tengan habitación en el quinto piso del hotel, como nosotros.

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Cigüeñas, gaviotas y golondrinas – Segundo día

LÉON, 19 de mayo

Busco a las cigüeñas y por fin las encuentro, justamente donde las recordaba.
Ya me ha alegrado la mañana el trisar de las golondrinas, sus danzas circulares y sus caídas a precipicio, y también volver a ver los gorriones, que hasta hace unos diez años eran los pájaros más comunes en el Norte de Italia, donde vivo yo, pero ahora casi han desaparecido.

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Cigüeñas, gaviotas y golondrinas – primer día

LINATE, 18 de mayo de 2018, horas 11,50

Puede que me equivoque, que sean 17… menos no. Pero estoy casi segura de que son 18. Estoy hablando de mis viajes a España, por supuesto.
El avión va a despegar dentro de diez minutos. Dirección Madrid. Luego, nos vamos a dirigir hacia el Norte.

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El accidente

El “accidente” ocurrió justo en la tarde en la que decidimos casarnos.
Ibamos caminando despacio, cogidos de la mano, los ojos bajos como si buscáramos las palabras en la acera, un nudo de inquietud y de felicidad todavía incapaz de explotar en gestos y alegrías.
Al final, nos sentamos a una mesilla en la terraza de un bar.
Y ella apareció: dos piernas largas sobre zapatos de tacón alto, vestido negro muy ajustado, cabello arreglado por un buen peluquero, maquillaje perfecto.

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Hacia el mundo de los vivientes

Erase una vez una Ciudad Amura- ¡Es tarde! Vete a tu casa y prepárale la comida a tu marido! -me dice.
– Pero, mamá, ¡Si solo son las cinco y media! -contesto.
Y en realidad sí, tendría que irme. Mi mirada se balancea desde el reloj blanco con agujas negras en la pared de su cocina hacia la ventana, desde la que puedo ver las copas de los plátanos que se mecen al viento, oír voces de chicos y ruido de motores. Gente que vive, habla, se desplaza.
Y yo tendría que volver a casa para preparar las clases para mis alumnos, terminar -¡Por fin! – de escribir ese cuento, hacer unas cuantas fotocopias.
Las agujas negras indican las 5,35. Solo han pasado 5 minutos y me he prometido a mi misma y a ella – que por cierto no lo sabe- quedarme al menos hasta las seis.:

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Las siete copas

Erase una vez una Ciudad Amurallada en el medio de la Llanura Ardiente, donde los veranos eran siempre muy calurosos y la gente solía desmayarse por el sofoco.

Juanito y Pepito, los dos niños gemelos de la joven viuda Encarnación, eran los únicos que lograban soportan el ardor vehemente del sol y seguían jugando al aire libre en calzoncillos.

Una mañana, mientras iban a la misa, los vecinos encontraron en la plaza de la iglesia siete copas de oro junto a una placa de metal que decía:

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Solo cuatro minutos


Por la mañana me despertó el sonido de la lluvia. O, a lo mejor, fue ese dolor sordo en lo profundo de las entrañas. No sé.
Una luz gris amarillenta se insinuaba entre las muescas de la persiana.
Lluvia, el último día de vacaciones.
Lluvia sobre la playa, golpeando el matorral, lluvia mojando los cristales de esa anónima habitación de hotel que al día siguiente dejaríamos.

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Silvia Zanetto: Ma Francesco dov’è

¿ESCRIBIR UN LIBRO EN TRES MINUTOS?

En estos días en los que acabo de publicar mi último libro, a menudo me plantean esta pregunta: “¿Cuánto tiempo has tardado en escribirlo, realizar los dibujos, encontrar una editorial y publicarlo?” Y mi respuesta siempre es: “Tres minutos”.

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Mentiras

Su ausencia me destroza, me sigue por la calle, como si fuera el ruido de pasos enemigos que se acercan y me asustan.
Desde hace horas estoy caminando sola por los barrios de una Venecia que los turistas no conocen, buscando mis recuerdos e intentando alejarme de ellos.
Pero su ausencia por fin me alcanza, me agarra las piernas, las quiebra y me hace caer derrotada sobre los peldaños de un puente.

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