LA SOMBRILLA
Han desaparecido las últimas nieblas de un prolongado invierno. El sol, al incidir en la nieve asentada en las cimas de las montañas, forma regatos que descienden hasta las tierras llanas.
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LA SOMBRILLA
Han desaparecido las últimas nieblas de un prolongado invierno. El sol, al incidir en la nieve asentada en las cimas de las montañas, forma regatos que descienden hasta las tierras llanas.
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LOS HOMBRES HUECOS
Un penique para el viejo Guy
I
Somos los hombres huecos
somos los hombres rellenos
apoyados uno en otro
la mollera llena de paja. ¡Ay!
Nuestras voces resecas, cuando
susurramos juntos
son tranquilas y sin significado
como viento en hierba seca
o patas de ratas sobre cristal roto
en la bodega seca de nuestras provisiones
Figura sin forma, sombra sin color,
fuerza paralizada, gesto sin movimiento;
los que han cruzado
con los ojos derechos, al otro Reino de la muerte
nos recuerdan —si es que nos recuerdan— no como
perdidas almas violentas, sino sólo
como los hombres huecos
los hombres rellenados.

Más allá de sus magníficos poemas, Fray Luis de León, el gran poeta renacentista español — junto a Garcilaso y, por supuesto, a San Juan de la Cruz—, dedicó gran parte de su vida al estudio y traducción de los textos sagrados, entre ellos, el famoso libro bíblico del Cantar de los cantares.
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CHARCUTERÍA
Lo primero era tener al marrano bien cebao, engordarlo hasta que pesase al menos doce arrobas. Por eso, al menor descuido de mi tío, su mujer le retiraba el plato para echar al cerdo los sobrantes. “Ya comerás”, le gritaba, dejándole con la cuchara a medio camino de la boca. El puerco estaba feliz, aunque mi tío no tanto.
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FUNDACIÓN
Como quien dice: anhelo,
vivo, amo,
inventemos palabras,
nuevas luces y juegos,
nuevas noches
que se plieguen
a las nuevas palabras.
Un periodista, director de uno de los informativos más vistos en España, se refiere a la festividad del 6 de junio como “la celebración del Corpus Christis”. En fin, no habrá estudiado latín, pero es fácil informarse antes de hablar o de redactar el texto o de leer la pantallita que tienen delante…
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MAÑANA DE DOMINGO
I
Complacencias del batón, y tardío
Café y naranjas en una silla al sol,
Y la verde libertad de un papagayo,
Se mezclan en una alfombra para disipar
El sagrado silencio de los sacrificios antiguos. Ella sueña un poco, y siente la oscura Invasión de esa vieja catástrofe,
Como se oscurece una bonanza entre las luces del agua. Las vívidas naranjas y las brillantes alas verdes Parecen cosas en alguna procesión de los muertos, Serpenteando por las anchurosas aguas, sin ruido,
El día es como un agua anchurosa, sin ruido, Aquietado para que pasen sus pies que sueñan Sobre los mares, hacia una silenciosa Palestina, Dominio de la sangre y del sepulcro.
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La generación del 98 —–que toma su nombre del mismo año del siglo XIX, en el que España sufrió una dura derrota militar en la contienda bélica contra Estados Unidos, perdiendo, prácticamente, sus últimas colonias de ultramar–— engloba a un grupo de destacados escritores (narradores, poetas y dramaturgos), que comparten una visión trágica y crítica del país, imbuidos del característico pesimismo de la época.
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LA CASA DE ASTERIÓN
SÉ QUE ME acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)[1] están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios pero si la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en egipto hay una parecida).
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