El microrrelato de los viernes: Dos cuentos breves de Ana María Shua


EL ENGAÑO

Dice Sun Tzu que todo el arte de la guerra se basa en el engaño. Y el escalón supremo es someter al enemigo sin luchar. El engaño conduce a la sorpresa y la sorpresa conduce a la victoria. Quien no sea capaz de engañar y por lo tanto sorprender, nunca logrará sobresalir en el arte de la guerra, de la escritura.

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El microrrelato de los viernes: Dos poemas en prosa de Testigos de cargo


GORRIÓN PARA UN ENFERMO

E insomnio está ardiendo en su cama:
tose y maldice,
y la. noche se dilata con los ojos abiertos, interminable.
Respira lento, como si respirar fuera algo complejo,
algo que estuviera aprendiendo.
Pero tú, que le conoces bien-, dejas un gorrión sobre su pecho.
Basta eso para que la noche avance y él se duerma.
Igual que cuando niño sólo ese gorrión le salva del abismo.

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El microrrelato de los viernes: Cuatro tweets, cuatro micros

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Cuando Penélope vio en sueños a las sirenas, comprendió por qué a Ulises le gustaba hacer el amor atado.

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El microrrelato de los viernes: Discurso del Oso de Julio Cortázar


DISCURSO DEL OSO

Soy el oso de los caños de la casa, subo por los caños en las horas de silencio, los tubos de agua caliente, de la calefacción, del aire fresco, voy por los tubos de departamento en departamento y soy el oso que va por los caños.

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El microrrelato de los viernes: Dos poemas en prosa de Paraíso Vacío


GENESIS
Sobre el jardín desnudo aún no había caído la lluvia. Fue
el hombre quien cayó, para saber el perdón, para levantarse de a
dos.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros voraces

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CARNE

Les pregunté con carne de qué animal estaba hecha la sopa. “No es de animal”, me contestaron.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros con pintores


UN MODELO de Felipe R. Navarro
Estimado Señor Edward Hopper:

LA MIRADA DE FRIDA KAHLO de Isabel Wagemann
Cuando su hombre no aparece en la cama y ya son demasiadas noches,

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El microrrelato de los viernes: Dos micros con trenes

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DIRECCIÓN DE LOS TRENES

Allá quedan sus padres, varados en el andén. Te despides agitando la mano, pero ya no aguantas más, de modo que gritas que les quieres, más alto, cada vez más alto, mientras ellos se van haciendo pequeños, cada vez más pequeños, a medida que el tren acelera cruelmente y se aleja de la estación.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de la máquina de languidecer

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DIADEMA EN TU CABELLO

Hay quien afirma que tu única vestidura es tu pelo, tu cabellera cuidadosamente cepillada y peinada y ungida con perfume, tu largo pelo negro que refulge y se ciñe como un manto real al blanco de tus huesos.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Vosotros, los muertos

GINÉS CUTILLAS
AHORA QUE NUESTROS NOMBRES SE ESCRIBEN EN PIEDRA

¡Qué raro que me llame Federico!

Federico García Lorca

Hasta los once años me llamé Federico, a pesar de que a mis padres no les convencía mucho el nombre. No está formado, decían. Cuando se le escriba en la cara, le pondremos uno más afín. Y así fue: a los doce, con el cambio de voz, decidieron que Federico ya no correspondía con mi talante, que el mejor nombre que me podía ir para la adolescencia recién estrenada era el de Francisco, Paco para los amigos. Este nombre me duró justo hasta la noche de bodas, cuando en pleno éxtasis, mi mujer me llamó Carlos. «Me casé con Paco y me desvirgó Carlos», era la típica broma que solía hacer a los conocidos.

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