El microrrelato de los viernes: Dos micros de Invasión de David Roas


EL OTRO

AMI HIJO LE GUSTAN MUCHO LOS ESPEJOS. En eso no nos parecemos. Le encanta mirarse en ellos, palpar su superficie como si tratara de acariciar al niño que tiene enfrente. No sé si a su edad ya tiene conciencia de que lo que está viendo no es más que un simple reflejo de sí mismo. Todavía no habla, no puedo preguntarle.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Dante Liano

LA NOCHE DE SUÁREZ

Suárez se debatía en el entresueño cuando lo despertaron las garras bestiales de su mujer. Diez garfios calientes y fríos crisparon la madrugada.

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El microrrelato de los viernes: Dos princesas, de Patricia Esteban Erlés

Patricia Esteban Erlés


Las tres hijas del rey murieron de peste
negra. El cadáver de la princesa más
pequeña fue enterrado en la cripta del
palacio junto a su muñeca preferida,
a la que llamaba Iseo. Bajo tierra, las
dos niñas pasan los siglos hablando en voz baja de
duques ingleses muy rubios y de fiestas a las que
acudirán, vestidas con el mismo traje. La muñeca se
queda dormida a veces. La hija pequeña del rey, muy
aburrida, se pregunta entonces por qué esta noche se
le está haciendo tan larga.

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El microrrelato de los viernes: Un relato breve de El año nuevo de los árboles


LOS OJOS DE MI PADRE

Para mi padre

CONDUZCO DE REGRESO del entierro de mi abuelo. Me detiene el tráfico de la ciudad a media tarde. Las luces, sin embargo, se suceden con fluidez en el sentido contrario de la carretera.

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El microrrelato de los viernes: Aforismos de “Planes de fuga”


Aprende de la nieve: enmudece.

No desprecies el olvido, es la única cortesía que nos concederá el tiempo. 

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Pablo Marín Escudero

EL CÓNDOR PASA

Una corriente de aire tornadiza impidió su caída a punta de rifle y lo dejó en la estratosfera congelado. Veinte años después de que aquellos soldados entrasen en su casa y lo lanzasen al mar desde un avión, su cuerpo vivo descendió del ozono y tomó tierra sobre el festival letárgico de Viña del Mar, mansamente. La gravedad lo depositó en incómodo claroscuro, demediado por el maldito escalón pactante entre foso y escenario.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Alejandro Chanes Cardiel

ABANDONO

La sequía baja las aguas del embalse y hace surgir las ruinas del pueblo.
Alrededor de la torre de la iglesia, gira una cigüeña sin hallar su nido.

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El microrrelato de los viernes: Un cuento breve de Adrián Gualdoni

FUERA DEL BOSQUE

Las cosas pasan así, en un segundo. Sin tiempo para reaccionar, ni siquiera para darte cuenta. Así se me escapó Coco, en un instante.

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El microrrelato de los viernes: Un cuento breve de Isabel Mellado

EL PERRO QUE COMÍA SILENCIO

Hubo un tiempo en que me llamé Croqueta. Así me llamaba mi amo. Mentecato lo llamaba yo a él, pero eso nunca lo supo. Ahora me gritan chucho. A mí me gusta titularme Zorba, el perro.
Y sí, soy un perro free lance de pueblo. Tardé en darme cuenta de que esta vez solo sería eso. No ponía huevos, tampoco tenía cuernos, ni hablar de hacer patinaje sobre hielo.
Al poco de nacer me abandonaron en un vertedero. Allí me recogió don Mentecato y me apadrinó prometiendo cuidarme toda mi perra y su aún más perra vida, pero como era de esperar no cumplió su palabra y no se lo reprocho. Viene a mi mente la frase «Errar es humano, perdonar es perruno». A lo largo de mi vida he comprendido que casi ningún hombre tiene palabra, pero todos tienen silencios y eso es lo esencial.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Marti Lelis

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HISTORIA DE UNA HOJA

Suspendida de una rama, a veinte metros sobre la plaza, la última hoja del árbol, ya rendida a su condición pasajera —marchitos tegumento y nervaduras—, se mece al viento y se desprende. Va dejando al caer —breve navío del viento—, su delicada huella de luz para nadie. En el suelo, en cambio, la hoja revive en la hojarasca; rueda y sucumbe, acaso, al peso de una mujer quien, apenas verla, ha sentido el impulso de pisarla. Entonces, convertida en crujido leve, alcanza el oído atento de la muchacha y se aleja del parque, prendida entre los labios, ya sonrisa que se mece.

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