
EL CÓNDOR PASA
Una corriente de aire tornadiza impidió su caída a punta de rifle y lo dejó en la estratosfera congelado. Veinte años después de que aquellos soldados entrasen en su casa y lo lanzasen al mar desde un avión, su cuerpo vivo descendió del ozono y tomó tierra sobre el festival letárgico de Viña del Mar, mansamente. La gravedad lo depositó en incómodo claroscuro, demediado por el maldito escalón pactante entre foso y escenario.
Volvió a casa. Tenía moratones infligidos por decentes oficinistas y milicos venidos a tenderos de bien.
– María, esta mañana me torturaron.
Ella lo silenció: Te perdono.
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