El microrrelato de los viernes: Cuatros micros de «69». Antología de microrrelatos eróticos II

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El microrrelato de los viernes: Fenómenos de circo de Ana María Shua

Ana María Shua
Ana María Shua recibió el Premio Nacional (Argentina) en la categoría Cuento por su libro Fenómenos de circo. Lo recordamos con esta pequeña selección perteneciente al libro editado por Páginas de Espuma.

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El microrrelato de los viernes: Cuatro tweets, cuatro micros

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Cuando Penélope vio en sueños a las sirenas, comprendió por qué a Ulises le gustaba hacer el amor atado.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros voraces

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CARNE

Les pregunté con carne de qué animal estaba hecha la sopa. “No es de animal”, me contestaron.

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El microrrelato de los viernes: Tres cuentos breves de Mario Levrero


HISTORIA SIN RETORNO Nº 2

Un perro, Campeón. Vivía solo con él y llegó a incomodarme. Lo llevé al bosque, lo dejé atado con una piola que pudiera romper con un poco de perseverancia y volví a casa.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros con pintores

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El microrrelato de los viernes: Dos micros con trenes

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DIRECCIÓN DE LOS TRENES

Allá quedan sus padres, varados en el andén. Te despides agitando la mano, pero ya no aguantas más, de modo que gritas que les quieres, más alto, cada vez más alto, mientras ellos se van haciendo pequeños, cada vez más pequeños, a medida que el tren acelera cruelmente y se aleja de la estación.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de la máquina de languidecer

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DIADEMA EN TU CABELLO

Hay quien afirma que tu única vestidura es tu pelo, tu cabellera cuidadosamente cepillada y peinada y ungida con perfume, tu largo pelo negro que refulge y se ciñe como un manto real al blanco de tus huesos.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Vosotros, los muertos

GINÉS CUTILLAS
AHORA QUE NUESTROS NOMBRES SE ESCRIBEN EN PIEDRA

¡Qué raro que me llame Federico!

Federico García Lorca

Hasta los once años me llamé Federico, a pesar de que a mis padres no les convencía mucho el nombre. No está formado, decían. Cuando se le escriba en la cara, le pondremos uno más afín. Y así fue: a los doce, con el cambio de voz, decidieron que Federico ya no correspondía con mi talante, que el mejor nombre que me podía ir para la adolescencia recién estrenada era el de Francisco, Paco para los amigos. Este nombre me duró justo hasta la noche de bodas, cuando en pleno éxtasis, mi mujer me llamó Carlos. «Me casé con Paco y me desvirgó Carlos», era la típica broma que solía hacer a los conocidos.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de (des)encuentros amorosos

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SIN PASADO

Pasamos muy cerca el uno del otro, demasiado rápido, también; pisamos la línea continua y nos destrozamos, mutuamente, los retrovisores. Desde entonces ninguno ha podido volver a mirar atrás.

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