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El microrrelato de los viernes: Fenómenos de circo de Ana María Shua

Ana María Shua recibió el Premio Nacional (Argentina) en la categoría Cuento por su libro Fenómenos de circo. Lo recordamos con esta pequeña selección perteneciente al libro editado por Páginas de Espuma.
El microrrelato de los viernes: Cuatro tweets, cuatro micros

Cuando Penélope vio en sueños a las sirenas, comprendió por qué a Ulises le gustaba hacer el amor atado.
El microrrelato de los viernes: Dos micros voraces

CARNE
Les pregunté con carne de qué animal estaba hecha la sopa. “No es de animal”, me contestaron.
Leer másEl microrrelato de los viernes: Tres cuentos breves de Mario Levrero

HISTORIA SIN RETORNO Nº 2
Un perro, Campeón. Vivía solo con él y llegó a incomodarme. Lo llevé al bosque, lo dejé atado con una piola que pudiera romper con un poco de perseverancia y volví a casa.
Leer másEl microrrelato de los viernes: Dos micros con pintores
El microrrelato de los viernes: Dos micros con trenes

DIRECCIÓN DE LOS TRENES
Allá quedan sus padres, varados en el andén. Te despides agitando la mano, pero ya no aguantas más, de modo que gritas que les quieres, más alto, cada vez más alto, mientras ellos se van haciendo pequeños, cada vez más pequeños, a medida que el tren acelera cruelmente y se aleja de la estación.
Leer másEl microrrelato de los viernes: Dos micros de la máquina de languidecer

DIADEMA EN TU CABELLO
Hay quien afirma que tu única vestidura es tu pelo, tu cabellera cuidadosamente cepillada y peinada y ungida con perfume, tu largo pelo negro que refulge y se ciñe como un manto real al blanco de tus huesos.
Leer másEl microrrelato de los viernes: Dos micros de Vosotros, los muertos

AHORA QUE NUESTROS NOMBRES SE ESCRIBEN EN PIEDRA
¡Qué raro que me llame Federico!
Federico García Lorca
Hasta los once años me llamé Federico, a pesar de que a mis padres no les convencía mucho el nombre. No está formado, decían. Cuando se le escriba en la cara, le pondremos uno más afín. Y así fue: a los doce, con el cambio de voz, decidieron que Federico ya no correspondía con mi talante, que el mejor nombre que me podía ir para la adolescencia recién estrenada era el de Francisco, Paco para los amigos. Este nombre me duró justo hasta la noche de bodas, cuando en pleno éxtasis, mi mujer me llamó Carlos. «Me casé con Paco y me desvirgó Carlos», era la típica broma que solía hacer a los conocidos.
Leer másEl microrrelato de los viernes: Dos micros de (des)encuentros amorosos

SIN PASADO
Pasamos muy cerca el uno del otro, demasiado rápido, también; pisamos la línea continua y nos destrozamos, mutuamente, los retrovisores. Desde entonces ninguno ha podido volver a mirar atrás.
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