
Batalla, s. Método de desatar con los dientes un nudo político que no pudo desatarse con la lengua.
Cañón, s. Instrumento usado en la rectificación de las fronteras.
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Batalla, s. Método de desatar con los dientes un nudo político que no pudo desatarse con la lengua.
Cañón, s. Instrumento usado en la rectificación de las fronteras.
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EL TESTAMENTO
Antes de que suspire mi último jadeo déjame exhalar,
gran Amor, algunos legados. Por la presente dejo en herencia
mis ojos a Argos, si mis ojos pueden ver;
si están ciegos, entonces, Amor, te los doy a ti.
Mi lengua a la fama; a los embajadores mis oídos;
a las mujeres, o al mar, mis lágrimas.
Tú, Amor, me has enseñado hasta ahora
—haciéndome servir a la que tenía veinte más—
que no debo dar a nadie, sino a quien tenía demasiado antes.
PREJUICIOS
Hace algún tiempo, mientras me lavaba los dientes, vi en el baño una especie de cucaracha. Lo consideré algo normal en un edificio que data de 1900. Respiré profundo y fui a buscar el insecticida. Cuando volví, ya caminaba por los azulejos en dirección al pasillo. Noté que su tamaño había aumentado. Le disparé con el esprai y creció una cuarta. Volví a disparar y duplicó su tamaño. Asustada, me encerré en el dormitorio.
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EL HUMO DEL CIGARRO
Miras a contraluz el suelto hilo
que se devana en fáciles volutas.
Y en esa trasparente arquitectura
reconoces un ritmo, el equilibrio
de una danza precisa.

¿QUÉ LLEVAMOS EN LOS BOLSILLOS?
Un mechero, un caramelo para la tos, un sello de correos, un solitario y algo torcido cigarrillo, un palillo, un pañuelo de tela, un bolígrafo, dos monedas de cinco shekels. Esa es una pequeña parte de las cosas que llevo en los bolsillos. Entonces ¿qué misterio tiene que estén tan abultados? Son muchos los que me lo han dicho.
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Los que pueden herir y, aún así, nunca hieren,
Los que no hacen aquello que exteriorizan más
Y los que, aún conmoviendo a otros, no se inmutan,
Son como piedras, fríos, sin que los tiente nada.

Amo a las sirvientas por irreales, porque se van, porque no les gusta obedecer, porque encarnan los últimos vestigios del trabajo libre y la contratación voluntaria y no tienen seguro ni prestaciones ni;
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ASENTAMIENTO
El matrimonio no es
una casa, ni siquiera una tienda de campaña
es anterior, y más frío:
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En sus excursiones sexuales por el norte de África, André Gide solía decirle a los chicos con quienes se divertía: “Tú no tienes por qué saberlo pero en Francia soy un escritor muy conocido, aun famoso. Cuando conozcas a otros franceses, cuéntales que has estado conmigo para que vean que conoces a gente importante, para que te respeten. Impresionados, agradecidos, los chicos le pedían que les dijera su nombre. El afable y calvo señor de lentes respondía invariablemente: François Mauriac.
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DE AMOR Y DE ODIO
Afuera está la primavera inmunda;
la irisada paloma que fecunda;
los insectos, que son como ladrones,
ya lo sé, en los azahares con limones;