
A MI CORAZÓN EL DOMINGO
Gracias te doy, corazón mío,
por no quejarte, por ir y venir
sin premios, sin halagos,
por diligencia innata.
Tienes setenta merecimientos por minuto.

A MI CORAZÓN EL DOMINGO
Gracias te doy, corazón mío,
por no quejarte, por ir y venir
sin premios, sin halagos,
por diligencia innata.
Tienes setenta merecimientos por minuto.

LAS GUITARRAS DE JUAN GRIS
Pensar que me iban a tirar. Y aquí me tienen, no se me reconoce bien pero soy la de siempre, sólo que bastante renovada en mi interior.
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LAS RATAS
Nunca antes
pensé en las ratas. Eran
las grises, melancólicas
nadas de larga cola
que subían
a un horizonte ajeno.
Pozo que estás en vela
igual que un ojo abierto;
solitario y perenne
contemplador de cielo,
el reposo en la noche
para ti no fue hecho,
pobre ojo que miras
inmóvil y despierto
sin párpado que vele
tu cansancio de tiempo.

DESEO
Su madre le ha prometido que si papá vuelve a las andadas, ella, esta vez, se atreverá a dejarle y se mudarán a una casa con jardín en la que podrán tener, por fin, un perro. Y ahora a Nico se cuela en la cabeza sin permiso una esperanza que le hiere. Un deseo le picotea el cerebro y agujerea sus membranas de a poquitos como una gallina incansable acribillando el terreno tras una miga de pan.
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POZO
Pozo que estás en vela
igual que un ojo abierto;
solitario y perenne
contemplador de cielo,
el reposo en la noche
para ti no fue hecho,
pobre ojo que miras
inmóvil y despierto
sin párpado que vele
tu cansancio de tiempo.

DESIERTO
Camino despacio por un desierto de piedra y arena. Las formaciones rocosas se retuercen subiendo hasta el cielo, construyen dibujos imposibles. Miro hacia arriba pero no alcanzo a ver el final.
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SEPARACIÓN
Tu ausencia me traspasó
como un hilo a una aguja.
Todo lo que hago está cosido con su color.

ÚNICO CENTRO
A José Luis Berrón
Qué emprender cuando cualquier acción se siente fútil, cualquier gesto irrisorio, ahora que la amenaza cubre la luz del día con sus andrajos, y todo intento de desquite es igual que azotar al océano, es pueril.
Los rodeos, los ardides fracasan de antemano. Solo queda, rompiendo en las costas, un oleaje de tiniebla. Y aquí, en la pulpa iluminada del instante, un grito.
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AUTORRETRATO
Yo soy una señora: tratamiento
arduo de conseguir, en mi caso, y más útil
para alternar con los demás que un título
extendido a mi nombre en cualquier academia.