

ABANDONO
La sequía baja las aguas del embalse y hace surgir las ruinas del pueblo.
Alrededor de la torre de la iglesia, gira una cigüeña sin hallar su nido.

FUGA DE LA MUERTE
NEGRA LECHE DEL ALBA la bebemos de tarde
la bebemos a mediodía de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavarnos una fosa en los aires no se yace allí estrecho
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus mastines
silba ante él a sus judíos hace cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad a danzar

El “accidente” ocurrió justo en la tarde en la que decidimos casarnos.
Ibamos caminando despacio, cogidos de la mano, los ojos bajos como si buscáramos las palabras en la acera, un nudo de inquietud y de felicidad todavía incapaz de explotar en gestos y alegrías.
Al final, nos sentamos a una mesilla en la terraza de un bar.
Y ella apareció: dos piernas largas sobre zapatos de tacón alto, vestido negro muy ajustado, cabello arreglado por un buen peluquero, maquillaje perfecto.

EL PERRO QUE COMÍA SILENCIO
Hubo un tiempo en que me llamé Croqueta. Así me llamaba mi amo. Mentecato lo llamaba yo a él, pero eso nunca lo supo. Ahora me gritan chucho. A mí me gusta titularme Zorba, el perro.
Y sí, soy un perro free lance de pueblo. Tardé en darme cuenta de que esta vez solo sería eso. No ponía huevos, tampoco tenía cuernos, ni hablar de hacer patinaje sobre hielo.
Al poco de nacer me abandonaron en un vertedero. Allí me recogió don Mentecato y me apadrinó prometiendo cuidarme toda mi perra y su aún más perra vida, pero como era de esperar no cumplió su palabra y no se lo reprocho. Viene a mi mente la frase «Errar es humano, perdonar es perruno». A lo largo de mi vida he comprendido que casi ningún hombre tiene palabra, pero todos tienen silencios y eso es lo esencial.