
EL NADADOR
Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.
Soy el hombre que quiere ser aguada
para beber tus lluvias
con la piel de su pecho.

EL NADADOR
Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.
Soy el hombre que quiere ser aguada
para beber tus lluvias
con la piel de su pecho.

Había que ser listo, muy listo, para sobrevivir y arreglárselas de alguna manera, durante la primera posguerra en la región italiana de Friuli. Era la zona más que más destrozos había sufrido en el país, la más cercana a la frontera con el Imperio austrohúngaro, donde los cruentos combates y las invasiones habían hecho estragos y multitudes de desesperados hambrientos y harapientos vagaban por las calles.
Amedeo era el segundo de diez hermanos, cuyos nombres empezaban rigurosamente con la letra “A”: la más pequeña era mi abuela, Ada, la mayor era Angelina, la que murió a los 102 años, cuando ya era una viejecita pequeñísima y con una sola pierna. Eran una familia de campesinos, cuyas tierras, como casi todas, se habían deteriorado hasta volverse casi improductivas. Trabajo, había mucho, pero la cosecha era escasa.

TEDIO MAÑANERO
Silvano González se murió de sueño después de que su amante, Fuencisla Bernabé, le hiciera el amor cuatro veces seguidas. Él luchó por su vida y por su hombría como el animal que todos sabían que era. Ella, terminada la faena, se sentó en la butaca de enfrente a contemplar las sombras que hacían los pliegues de las sábanas, ya casi amanecido el día. Y allí sigue, que no sabe si despertarlo para que se vaya de una vez o llamar a los de la funeraria y que tramiten lo de siempre.
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EGON SCHIELE A SU HERMANA GERTI,
EN UN HOTEL EN TRIESTE, 1906
A Maria Chiara y Maddalena Antonini
Recuérdate, Hermana,
cómo eres,
cómo estás ahora
(blanca y tersa, igual que en mis sueños)
no en el fuego mas al inicio,
antes de la combustión que lo alimenta.

Confieso que, en el inmenso mundo del arte, desde siempre fui partidaria de las «Anunciaciones». Especialmente de la figura de la Virgen. Siempre joven, sorprendida, asustada, obediente, pero nunca feliz. Como si supiera que aquel anuncio le iba a traer, antes o después, un sufrimiento.
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Viviana apoyó la maleta sobre la cama y la abrió. Era un regalo de sus padres, por el examen de bachillerato: espaciosa, con una cerradura de combinación, del mismo azul marino del viaje de sus sueños. Aquel verano, toda la vida le pertenecía: el diploma, los dieciocho años, la maleta color océano.
La cerradura se abrió con un clic metálico. Después de dos años, aún olía a nuevo..

LOS TURISTAS
Hace cosa de dos meses apareció en el barrio una pareja de turistas. Él llevaba un plano en la mano y una cámara de fotos colgando del cuello y ella un vestido estampado y ligero. Nos llamó la atención ya que el nuestro es un barrio obrero y aquí no hay nada que ver, sólo calles bastante feas con bares y zapaterías.
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Los siglos XVI y XVII son conocidos en la historia literaria y cultural de la lengua española como los «Siglos de Oro», en los que nuestras letras brillaron con especial resplandor. Si nos piden que mencionemos algún autor de esta época, rápidamente vendrán a nuestra mente una larga lista de nombres tan destacados como Francisco de Quevedo, Lope de Vega y Miguel de Cervantes, pero la situación cambia si tenemos que mencionar a mujeres que escribieron durante los mismos años.
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Este sábado o domingo (los periódicos no se ponen de acuerdo, pero qué importan las fechas), a sus 95 años, murió el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. No solo perdimos a un buen poeta, sino a un hombre que entregó su vida a la lucha por la libertad y la justicia.
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EL TABACO MATA
—Voy a por tabaco! —me dijo con cierto nerviosismo.
Luego me di cuenta de que encima de la mesa había un paquete prácticamente lleno. Ya no volvió.
Ese día empecé a fumar.
ÁNGEL FABREGAT MORERA (Lleida, 13.08.1965). Los micros pertenecen al libro “El cielo en ruinas”, Editorial Me gusta escribir (2015)
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